jueves, 21 de enero de 2021

Las mejores películas de terror de la década.

 

    Escribiendo este top a mediados de Enero no creo que genere mucho interés (Mr. Actualidad me llamaban). El caso es que me apetecía hacerlo para reivindicar, de alguna manera, otro tipo de terror más allá de las pelis de sustos.

    Me gustan las películas de terror plasta, lo reconozco, pero creo que en esta lista hay variedad, aunque predominen las obras más pausadas, ambientales y con gran peso de la estética, la fotografía y los diálogos. Hay zombies, gore, brujas, locura, drogas y muchas frases e imágenes para el recuerdo.

    No creo que descubra gran cosa a nadie, bastantes de las que mencionaré no son en absoluto desconocidas; pero me parece importante recordar que hay cine de terror más allá de los subidones de audio y de las trece o catorce películas que aparecen cada año para hacerse llamar “la película de terror del año”.

    Y, ya de paso, como soy un poco picao, aprovecho para recordar que la década terminó en 2020 y no en 2019. Así que solo tendré en cuenta películas aparecidas entre 2011 y 2020.


nº 10 – Saint Maude (2019, Rose Glass)

     Esta directora británica debuta mostrando buenas maneras, generando intriga y creando un ambiente perturbador al ponernos en la piel de una enfermera que cambia su vida al conocer a Dios.

    Nos hace dudar en todo momento sobre lo que está ocurriendo, aunque creamos estar seguros de lo que en realidad sucede.

    Los elementos que configuran la simbología de la peli entran muy bien por los ojos, pero terminé echando de menos un mayor y mejor uso de estos; digamos que me gustó lo que me ofrecían pero me supo a poco. Hay ciertos efectos especiales en el último tramo que, aunque entiendo su sentido, terminan por recordar al final de La Celda y le restan medio puntillo.

    Buena película que termina quedándose corta. Seguiré el trabajo futuro de esta directora.


nº 9 – Mandy (2018, Panos Cosmatos)

    ¡Vaya puta locura de psicodelia, violencia y drogas! La primera mitad es una de esas películas que he mencionado al principio, lenta, con diálogos buenísimos y donde la imagen es casi un personaje más. La segunda parte es un colocón de diversas drogas que da lugar a una espiral de violencia salvaje. Del reparto de esta peli creo que solo conocía a Nicolas Cage y me parece que lo han hecho de maravilla, al menos encajaban a la perfección en sus lisérgicos papeles.

    La película tiene una última escena muy buena y, como punto negativo, diré que no tienen mucho sentido que no maten al personaje de Nicolas Cage al final de la primera mitad.



nº 8 – Antrum (2019, David Amito y Michael Laicini)

   No hago ningún spoiler diciendo que esta obra se vendió como una película antigua que se había recuperado tras un incendio y que, cada vez que se proyectaba, pasaba alguna desgracia y la gente moría a porrillo. Antes y después de la peli en sí, hay una parte de falso documental que sirve para dar crédito a esta historia. Me parece una muy buena campaña de marketing que, de forma relativa, les funcionó; pero la verdad es que esa parte de falso documental es lo más cutre y feo de la película. Una vez hecho el marketing, yo lo eliminaría.

    Hablando ya de la peli propiamente dicha, he de decir que es una pasada. Jugando con el rollito de que es antigua, consiguen muy bien la estética y, si la parte documental fuera mejor, quizás hubiera dado el pego. Tiene algún que otro efecto cutre que termina siendo precioso y no desentona para nada.

    La historia es bastante original y te engaña hasta bien entrada la película, dejándote, incluso, con la duda una vez terminada. No será compartido con mucha gente pero, esta peli tiene uno de los momentos que más miedo me ha dado en el cine de los últimos años, sin necesidad de ningún sobresalto con el audio.


nº 7 – The Void (2016, Jeremy Gillespie, Steven Kostanski)

    Adjudicarse el calificativo “lovecraftiano” es muy fácil y está de moda, conseguir captar algo de la esencia del maestro ya no tanto.

    The Void es, quizás, la película que mejor homenaje ha rendido a Lovecraft durante esta década y sin necesidad de prostituir su nombre (ejem, ejem, Ghostland, ejem, ejem). Una verdadera historia de horror cósmico que podría haber protagonizado cualquier adorador de Yog-Sothoth o de Nyarlathotep en busca de aquello incomprensible para la mente humana. La influencia lovecraftiana también se deja ver en sus criaturas, materializadas a base de maquetas reales, de esas que tanto se echan de menos en el cine, y sin apenas uso del cgi. Todo esto hace de The Void un gran exponente, no solo del horror cósmico en el cine, sino del bodyhorror.


nº 6 – The Eyes of my Mother (2016, Nicolas Pesce)

   Lo que ocurre en esta peli fue para mí un sorpresón. Es una brutalidad cocinada a fuego lento que emplea lo que yo llamo “gore psicológico”; es decir, no hay apenas escenas explícitas pero consiguen hacértelo imaginar, llegando a dolerte incluso más. Uno de los responsables de esto es su montaje, una delicia, que tiene tres o cuatro cortes para fliparlo.



nº 5 – Possum (2018, Matthew Holness)

    Come see daddy and mummy? Dirty boy! Playing with the deads! Poor boy, poor orphan boy... silly boy!

    Estoy enamorado de esta película. No sé cuántas veces habré visto su final o cuántos fotogramas me habré guardado. Adentrarse en el tortuoso mundo de Philip es una experiencia inolvidable. La marioneta, la canción, la casa, las soberbias interpretaciones (los gestos de Philip ¡madre mía!)... todo te atrapa y te hace querer saber más; conforme avanzamos vamos hallando respuestas satisfactorias hasta llegar a ese final para el recuerdo. Si bien el desenlace es un poco abierto y deja mucho espacio a la interpretación personal, no llega a romper nunca con esa sensación de satisfacción que he mencionado y no se le puede poner ningún pero.

    La parte visual es una de las grandes bazas de esta obra. Con el tratamiento del color y las luces consigue con excelencia parecer una película de hace veinte o treinta años, no solo por un capricho estético, sino para ayudar a conseguir, con esos tonos apagados, una sensación de suciedad y de inmundicia. De verdad que se puede sentir la humedad de la casa viendo la película desde la silla de tu ordenador.





nº 4 – Train to Busan (2016, Yeon Sang-ho)

    La mejor película de zombies que he visto. Así te lo digo. Una historia muy linda, con emoción, buenas escenas de acción y su parte de crítica social. Preciosa.



nº 3 – Hereditary (2018, Ari Aster)


    Puede ser la más conocida de la lista. Fue una de esas “películas de terror del año” pero, en este caso, acertaron.

    Una película muy bien hilada desde el inicio, con giros de guión como puñetazos en la cara (casi es un spoiler). Ari Aster se proclamó en su debut como el rey de los detalles y sutilezas, obligándonos a ver la peli una segunda vez, dándole al pause sin parar y dejándonos ojipláticos al descubrir sus secretos. Junto con las dos que encabezan la lista, forma mi trinidad de dar la brasa con el cine de terror.

    La peli no entra ni de lejos en la categoría gore, pero ya vamos viendo como a Ari Aster le gusta meter burrerías explícitas en sus películas y lo hace de maravilla. Hay tres o cuatro que se te quedarán clavadas en la retina.

    A destacar también la gran actuación de Toni Collete.

¡Salve, Paimon!


nº 2 – The VVitch (2015, Robert Eggers)


    La película que cambió mi idea sobre el cine de terror y por la que estoy escribiendo esto.
    Todas las veces que la he visto me he quedado embobado con la degeneración de esta familia puritana, preguntándome si su ruina viene de la amenaza de la bruja y todos los peligros del bosque o si es su fanática moralidad su principal enemiga.

    Muchas de sus escenas son ya mitiquísimas pero, si hay que elegir, la escena del libro es una joya del cine. Y es que, ¿a quién no le va a gustar sentir el sabor de la mantequilla? ¿A quién no le ve a gustar vivir deliciósamente? ¿A quién?

    Ver esta película doblada es un crimen. No por pedantería, sino porque el lenguaje es una elemento de mucha importancia que nos ayuda a meternos de lleno en la época y a vivir con inmersión este cuento del folclore de Nueva Inglaterra, como reza su subtítulo.

    Si hay algo que no corona a The VVitch como la campeona es lo irregular del ritmo en su tramo final. Si bien todo lo que sucede es interesante y, de manera individual, se trata de grandes escenas, durante unos minutos entramos en una sucesión de “personajes que se despiertan, realizan una acción y vuelven a dormir”. Queda raro y da la sensación de que se podrían haber distribuido mejor las acciones. Pero, vamos, que se trata de una minucia para justificar que no corone la lista.


Menciones especiales:

-The Lodge (2019): película que te deja pensativo y en tensión durante un buen tramo. Con un poquito más de profundidad en el cotarro que nos plantean, quizás estaría en la lista.

-The Dark and the Wicked (2020): esta peli da miedo de verdad durante más de la mitad de su metraje, después te das cuenta de que no hay explicación para nada y todo pasa un poco al azar. Termina de perder todo el fuelle con un anticlimático final.

-Midsommar (2019): la segunda de Ari Aster sigue siendo buena, pero baja el listón y me mata la pasividad de sus personajes. A pesar de contar con una ambientación y acción muy diferentes a Hereditary, te das cuenta de que repite una estructura parecida. Como homenaje a The Wicker Man (1973) funciona.

-The Cabin in the Woods (2012): la parodia que el terror necesitaba en aquel momento. Cuando me puse a verla no me esperaba eso para nada.

-Evil Dead (2013): el remake en tono serio de la primera de Evil Dead (no olvidemos que Evil Dead 2 es un remake de la primera en tono de comedia) creo que no tuvo el reconocimiento que se merecía por lo buenísima que es la original y porque salió en una época plagada de remakes malos e innecesarios.

-Maniac (2012): película dura y desagradable que nos pone en la piel del malo con una ingeniosa realización bastante bien resuelta. Se mueve entre la delgada frontera del thriller y el terror. Es remake de una película del 80 que no he visto y no puedo comparar, aunque sí puede decir que tiene un estilo totalmente nuevo.


nº 1 – The Lighthouse (2019, Robert Eggers)


    Toda esta lista ha sido una excusa para deciros que Robert Eggers es el mejor y que me voy a casar con él.

    Si con la Bruja debutó como una apisonadora y mostró un buen hacer al alcance de muy pocos, con el Faro pule todo lo mostrado anteriormente y nos deja una puñetera obra de arte.

    Cada plano y cada diálogo son perfectos. La elección de los 4:3 no es algo meramente estético, sino que ayuda a trasmitir esa sensación de opresión en la que se ven envueltos los protagonistas. La degeneración de la mente humana se verá reflejada en la relación de los dos protagonistas que, a parte de estar muy bien escrita, se hace totalmente creíble por las soberbias actuaciones de Willem Dafoe y Robert Pattinson. Si bien es cierto que la actuación de Dafoe no puede ser mejor y mereció el Óscar, la actuación de Pattinson no se queda atrás y se reivindica a sí mismo, quitándose el sambenito de vampiro de Crepúsculo.

    Es difícil pillar el final a la primera y entender todo lo que verdaderamente ha ocurrido. Aún hoy día me debato entre tres posibles teorías pero, estas se complementan entre ellas y son compatibles, lo que me hace pensar que está todo aún más medido de lo que parece.

    Sin nada más que decir, no metéis nunca a un ave marina.




lunes, 28 de septiembre de 2020

Curianas, cuentos extraños.

"Cucarachas, cucarachas por todas partes. Escurridizas y repugnantes, crujientes al aplastarlas. La imperecedera estirpe que será testigo de nuestro final."

Curianas es la primera publicación de Manolo Peña (Adra, Almería; 1990). Una colección de tres relatos ambientados en un universo casi tan cruel como el nuestro. Fantasía, terror y ciencia-ficción se dan la mano para contarnos la caída de un imperio cuya arma fue la simiente de Dios, el calvario de una monja forzosa y el tortuoso camino a la redención de un mercenario con más pena que gloria a sus espaldas. 

Puedes descargar el libro desde aquí



 

sábado, 21 de marzo de 2020

El Perdón - Capítulo 1

Jesús dormía, como siempre, anclado en su cruz. Con la cabeza gacha y casi desnudo, sin importarle demasiado lo que ocurría a su alrededor. Presidía el templo bajo una fea vidriera que trataba de representar la ira divina cayendo sobre el mundo terrenal y barriendo el pecado. Desde el fondo del altar, como cada noche y cada día, Jesús era el señor de este templo, independientemente de quién viviera o quién muriera. Siempre habría alguien que encendiera velas por él y el resto de santos que lo acompañaban en aquella eterna y silenciosa reunión fuera de los estragos del tiempo. Tras dos grandes cirios descansaba el señor, cabizbajo, mostrando a la tenebrosa bancada su omnipotente corona.

En los laterales del templo, tras las arquerías, la luz escapaba a duras penas de las velas derretidas entre amasijos de cera. Parecía estar presa y no alcanzar nunca los demás rincones del templo, como si los presentes en la eterna reunión la hubiesen capturado en sus imperecederas facciones, talladas por mediocres ebanistas, coaccionándola con sus severos gestos. La luz, como una burla de su triste destino, acentuaba la oscuridad de aquella noche en cada muesca de la piedra gastada de las paredes y en las grietas de la madera podrida del suelo, mostrándose incapaz de desbancarla del salón, del que no se atrevía ni siquiera a acercarse.

Interrumpiendo la solemne reunión, las puertas del templo se abrieron con violencia. El aire que entraba casi mata a la maltrecha luz pero, a Jesús y sus santos no pareció importarles; parecían estar seguros de que nada alteraría su orden. Un cuerpo había caído al suelo. Entre toses, empapado, Tomás Santiago Mayoral se puso en pie ayudándose de su espada, chorreosa de aceite negro. Inmediatamente, cerró las puertas, dejando al otro lado una noche cerrada, rasgada por una fina pero constante cortina de lluvia. Echando todo su peso contra las puertas, como si quisiera evitar que un toro pasase por ella, inspeccionó el templo rápidamente. Arrastró los bancos, desde el primero hasta el último y los amontonó contra las puertas como si le fuera la vida en ello. Al conseguir su objetivo, tras unos largos minutos, agarró un candelabro apagado y lo estrelló contra la pila de bancos, como si no le hubiese parecido suficiente. La mirada inquisitiva de los santos parecía estar juzgándole por blasfemia.

Atravesó el siniestro salón hasta llegar al altar. Se colocó bien los calzones, se pasó las sucias manos por la cara, llenándose de churretes, y respiró profundamente, sin poder mirar a los ojos al hijo de Dios. En un acto explosivo, lanzó su espada al suelo. Hasta parecía que había asustado al impasible Jesús:

-¡¿Lo ves?!

Jesús no lo veía

-¡¿Lo hueles?!

Jesús no lo olía

-¿De qué nos has salvado? ¡Tantas guerras en tu nombre, tanta sangre derramada por ti y no has cumplido ni una sola de tus promesas. ¿Eres tú quién nos miente o son aquellos que hablan por ti en la Tierra? ¿Cómo consientes esta amenaza a la vida de los que te rezan y se encomiendan a ti? ¿Qué oscura maquinación es la que se teje en el seno de tu Iglesia que ha permitido semejante disparate?

Jesús no dijo nada

-¿Hay algo de cierto en tus promesas de salvación?¡Nada! Prometiste a la humanidad la salvación y el perdón si eramos esclavos de tu palabra y ahora es tu palabra y a aquellos que dicen pronunciarla a quienes temo.

*BRUM*

La puerta del templo retumbó como si todo el firmamento hubiese caído sobre ella. Tomás se arrodilló rápidamente, tomando la espada del suelo y colocándola formando una cruz frente a su rostro agachado.

-Señor mío, no soy digno de ti. Perdona a este siervo desesperado que ha pecado de palabra. Perdona a este siervo tuyo arrepentido ¡Arrepentido, arrepentido y mil veces arrepentido! Que no soy yo quién se queja, que es la carne apoderada por el miedo. Pues, Señor mío, lo que he visto esta noche sobrepasaría la entereza de cualquiera. No hay demonio ardiendo en el infierno, ni sombra tan oscura que se asemeje al horror que ha irrumpido en estas tierras. Solo las historias antiguas mencionan atrocidades como esta ¡y por Dios, que me equivoque en mis presagios! ¡Que no sea que las puertas de los primeros abismos han sido abiertas!

*BRUM*

-Señor, Señor, Señor ¿Quién ha permitido esto? No es este horror inexplicable lo que más temo, sino a aquel que lo ha rescatado del olvido. Perdóname, Señor, si peco de nuevo y no hablo con la evidencia, sino con la enajenación de mi mente, mas no me queda otra que señalar a los culpables en el seno de tu Iglesia y a sus viles...

*BRUM*

-¡Señor mío! No te pido la salvación, te pido fuerzas para afrontar al horror y parar esta locura. Dame fuerzas para ayudar a tus fieles y no permitas que el terror me haga huir de nuevo.

*BRUM*

El miedo se apoderó de Tomás, que apretó todos los músculos.

*BRUM*

Levantó el rostro, casi llorando, apretando los dientes. Se agarraba a la fe, que había sido el motor de su vida. Aguantó la mirada al ídolo de madera sádicamente representado, sin hallar respuesta alguna.

*BRUM*

La puerta se abrió ligeramente, dejando pasar una brisa antinatural que entró por su nuca y le heló el alma. Algunos elementos de la barricada habían caído provocando un aparatoso estruendo que se intensificó con la reverberación del templo. Al otro lado podía oírse el crujir de unos huesos, pero con un eco metálico tan afilado que cortaba hasta los tímpanos; acompañaba a este sonido la suave melodía de un muerto chapoteando en una ciénaga.

La estatua de madera que tenía enfrente seguía sin hablar pero, su fe irracional confundió la química con la que el miedo y la adrenalina inundaron su cerebro con una señal divina. Tomó su arma en posición de combate y se encaró a la puerta entreabierta, esperando a la próxima embestida. Estaba a unos pocos segundos de que nada se interpusiese entre él y lo que fuera que estuviera amenazando la vida y la cordura de los seres humanos.

Las luces marchitas de los cirios se avivaron con la corriente que entraba por la puerta danzando nerviosas por las paredes, dibujando sombras atemorizadas que querían huir. El viento gritaba muerto de miedo, como si huyera y le suplicara a él que hiciera lo mismo. Estiró uno a uno los dedos para agarrar más fuerte la espada, sin perder nunca la guardia. La noche era oscura, la noche era negra y el terror no se dejaba ver al otro lado de la puerta. Solo sabía que volvería a golpear y se encontraría frente a pura demencia retorcida. Pero no hubo más golpes y el aire enmudeció.

La vidriera reventó, volando los cristales por todo el templo. Las velas se apagaron y un vomitivo olor acompañó a la oscuridad. Tomás protegió su cabeza de la lluvia de cristales y se dio la vuelta cuando esta terminó. Casi no podía ver nada más allá de la silueta de Cristo en la cruz. Con los ojos bien abiertos y volviendo a levantar su espada, muy nervioso, buscó a su enemigo sin resultados. Daba mandobles sin sentido, de una lado para otro, y su corazón estaba apunto de estallar. Olía a oxido y a rancio, a podrido; como cuando la comida se pone agria pero aplicado a una pila de cadáveres. El estómago se le contraía y las arcadas le entorpecían sus ya nerviosos movimientos. Solo sentía pánico e impotencia.

 Las lágrimas terminaron venciéndole y la fuerza de sus músculos apretados se marchó de golpe, dejándole abatido y desesperado. Tras muchas vueltas dando golpes de espada sin sentido, se dio cuenta de que estaba, una vez más, frente a Cristo crucificado. Los tambores de guerra de su corazón pararon como si una garra fría lo hubiese apretado y el olor no afectaba ya a su estómago contraído. Los huesos metálicos volvían quebrarse junto a la melodía viscosa que los acompañaba. Siguiendo el ritmo del incesante borborigmo metálico, asomaron numerosos e informes dedos tras la cabeza de Jesús; la apretaron, rodeando sus ojos y su boca. Corría por las mejillas del ídolo el mismo aceite negro de la espada de Tomás, goteando en el suelo como un llanto impío. Tanto apretaron la cabeza de madera que terminaron por partirla, cayendo sobre el charco negro que se había formado en el suelo. Alzándose sobre los restos de la estatua, un horror que borró la mente de Tomás se presentó emitiendo un sonido impropio de este mundo.




martes, 17 de marzo de 2020

Ojos fríos de Plutón

Uno de los verdugos que conducía al reo hacia el cadalso tiró de la soga, atada en sus manos, haciéndole caer a un charco de mierda fruto de los excrementos que los vecinos arrojaban por sus fachadas. La multitud de mugrosos, palurdos y desdentados que seguía al reo aprovechó para intensificar el lanzamiento de comida podrida. Resbalando entre barro y heces, el reo se puso en pie y siguió riendo. Su expresión era tal que hizo enmudecer a la gleba y, poco a poco, cesaron sus mofas.

La expresión retorcida del inquisidor Aguilar, acusado y sentenciado por brujería, no me sorprendió nada después de escuchar su repetitivo discurso durante su paseíllo. Hablaba de un lugar llamado Plutón, en el que estructuras de hielo negro se erigían como ciclópeos alfileres que rasgaban un cielo venenoso; de ciudades y reinos separados de nosotros por la eternidad; de estrellas tenebrosas de las que nunca veremos su luz; hablaba del rey de todo, inerte en el centro del universo desde antes del tiempo mismo y hablaba de unos ojos, unos ojos infinitos.

El inquisidor nos hizo creer a todos que era el azote de la brujería hasta que, tras semanas persiguiendo a un aquelarre al que se atribuían graves crímenes, fue encontrado desquiciado, con un cuchillo de hoja flamígera en la mano, retorcido como una serpiente, rodeado por los cadáveres de todos los hombres a su cargo. Desde ese momento comenzó a recitar su infinita retahíla que escuché una y otra vez mientras balanceaba, junto a otros monjes, el incensario tras él camino a su ejecución. Era un verdadero hijo de puta que disfrutaba con cada tortura y se le ponía tiesa quemando mujeres en la hoguera tras rápidos y dudosos juicios. No sentía por él ninguna compasión, incluso antes de saber de su crimen, pero me erizaba la piel con cada una de sus palabras. Miré al cielo, como si evitando ver su figura pudiera obviar sus palabras, mas sentí que el mismísimo Reino de Dios se me caía encima. Miré a los morbosos que contemplaban el espectáculo, miré a una bizca con un saco de papas podridas, a un tuerto que escupía al reo, a una niña llena de roña asustada. Y, entre la multitud, estaban ellas. También me miraban a mí. Me clavaron su mirada y los vi. Vi aquellos ojos, entré en ellos y vi el cosmos. Vi a Dios padre retorciéndose abotargado en el centro de todo y vi a su hijo aguardando entre agujas de hielo. Y reí, por siempre, reí.

1

Muchas de las civilizaciones avanzadas han coincidido al señalar en un punto finito el origen del universo, tiempo y espacio tal y como lo conocemos. Una fluctuación cuántica que dio origen a todo. Algunas de estas civilizaciones han llegado a comprender, en relativa profundidad, este suceso; aún así, son muchas incógnitas las que giran entorno a este principio. ¿Fue fortuito este acontecimiento? ¿qué hubo antes? ¿podemos acaso concebir un antes? ¿ha sido alguna especie en el universo capaz de hacerlo? Por encima de estos interrogantes, el miedo prioriza y exige respuestas a otras cuestiones mayores: ¿estuvo aquella masa informe que se retuerce sin consciencia en el centro del universo desde el inicio de los tiempos? ¿Acaso fue "eso" lo que estalló dando origen a todo?

(fragmento)